5 junio, 2019

Imagino la emoción que se debe sentir cuando ves tu nombre entre los mil primeros puestos, solo la imagino, porque en mi caso, me quedo fuera este año. Todos te preguntan qué tal ha salido y tu solo piensas “tierra trágame”, “que vergüenza, ¿cómo digo que no he conseguido plaza?”, esa mezcla entre ira, impotencia, ganas de llorar y un popurrí de sentimientos y de ideas que no dejan de rondar tu cabeza, “¿Por que tal personal ha conseguido plaza y yo no?” (porque nos encanta torturarnos buscando a gente conocida en la lista), “¿Para qué tanto esfuerzo durante casi un año de dedicación exclusiva al estudio?”, “¿Por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?” y mi pregunta ahora es: ¿Por qué nos encanta compararnos con los demás?, piensa en ti, en las ganas que le has puesto, porque te has dejado la piel, porque es una racha agotadora psicológicamente, y lo sé, pero todo lo que merece la pena en esta vida cuesta trabajo, esfuerzo y dedicación, nadie te va a regalar nunca nada, piensa en ello un rato.

Ahora te explico lo que debes hacer para no volverte loco o “lastimoso compulsivo” como diría mi padre. Lo primero que debes intentar hacer es pensar que no sólo eres “un número”, “un puesto”, en una lista interminable de afortunados y no tan afortunados, porque un puesto no define si eres más listo o más tonto, más bueno o más malo, más capaz o menos. Es cierto que te juegas esfuerzo, dinero, tiempo, pero todo esto merece la pena, lo prometo. Lo que debes hacer es mirarte, volver a salir de tu zona de confort, en la que por cierto nos encanta estar, y pensar que NUNCA se pierde, solo se aprende y pensar que hay cientos, ¡¿qué digo?!, MILES de oportunidades más. Todo esfuerzo antes o después dará su resultado, porque igual éste no era mi momento, ni el de muchos otros que como yo, o como tú, han quedado más allá de esos mil o dos mil primeros puestos.

Es cierto que es necesario pasar el temido “duelo” ya que como en todo proceso a lo largo de nuestra vida en el que se produce una pérdida tenemos que afrontar, puedo resumirlo de la siguiente manera: primero se produce la negación: “¡No puede ser, voy a buscarme otra vez en la lista porque no es posible que YO esté en ese puesto! (y pongo el “yo” en mayúsculas porque aquí el ego juega un papel fundamental en este momento de flagelación)”, ira: “¡Seré tonta/o, todo este esfuerzo para nada!”, negociación: “Dios, te pido que renuncie mucha gente a su plaza y me llamen para darme una a mi”, depresión: “ya no pienso estudiar más, ¿para qué? si no consigo nunca nada”, y la esperada aceptación: “esto era algo que podía pasar, hay que retroceder pero siempre para coger impulso e intentarlo de nuevo”. Porque te caerás y probablemente más a menudo de lo que te gustaría, pero la caída no es lo que te define. Lo que más dice de ti, es la habilidad de levantarte. Deja de esperar a que todo salga como esperas, piensa en grande y haz el cambio, ve a por todas, de nuevo, y las veces que hagan falta. Porque el EIR puede ser la mejor opción, o no, pero si no lo intentas nunca lo sabrás. Arriesga que siempre se gana aunque no lo creas, empodérate y empodera nuestra profesión, la enfermería. El futuro es casi tan genial como tú. ¡ÁNIMO!.

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Gloria Gutiérrez
Gloria Gutiérrez

Graduada en Enfermería
Estudiante EIR

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